Conocí a Carlos Fuentes durante la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, en mayo de 1999, donde habló magistralmente ante un auditorio expectante. Cenamos esa noche, con Fuentes y Jesús de Polanco, en casa de el representante de Alfaguara en Argentina, Esteban Fernández. Recuerdo que más se habló de la complicada política en la Argentina de Menem, que sobre temas literarios. En cuanto Carlos Fuentes llegó a su hotel, poco más tarde, se enteró que su hijo (o su hija) había muerto trágicamente en México.